Category: Ciencia

  • Explorando los mundos del sistema solar: claves para aprender sobre cada planeta

    ¿Te has preguntado alguna vez qué hace únicos a los planetas del sistema solar? En pocas líneas verás un panorama claro y visual que te ayudará a identificar, comparar y observar estos mundos vecinos, desde los rocosos hasta los gigantes gaseosos.

    Orden y características de los planetas del sistema solar

    Para comprender el conjunto, primero es útil recordar el orden desde el Sol: Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno. Cada planeta posee rasgos distintivos como tamaño, composición y temperatura, que definen su clasificación.

    Además, la distancia al Sol y la presencia de atmósfera o anillos influyen en cómo los vemos desde la Tierra. En consecuencia, estos factores determinan la observabilidad y las misiones de exploración que merecen atención.

    Planetas rocosos: Mercurio, Venus, Tierra y Marte

    Los planetas interiores comparten superficies sólidas y, en general, tamaños más pequeños. Mercurio es un mundo craterizado y extremo en temperatura; Venus destaca por su densa atmósfera y efecto invernadero intenso.

    La Tierra, nuestro hogar, es el único con vida conocida y agua líquida en la superficie. Por otro lado, Marte atrae interés por sus casquetes polares, valle y evidencias de agua pasada, lo que lo convierte en objetivo de múltiples misiones.

    Cómo identificar los rocosos desde la Tierra

    Con instrumentos modestos como binoculares o un telescopio pequeño se pueden distinguir fases y algunos detalles superficiales. Además, usar aplicaciones astronómicas facilita localizar momentos óptimos de observación, como oposiciones y conjunciones.

    Gigantes gaseosos y helados del sistema solar

    Más allá de Marte se encuentran los gigantes: Júpiter y Saturno (gaseosos), y Urano y Neptuno (gigantes helados). Júpiter muestra la Gran Mancha Roja, una tormenta inmensa visible incluso con telescopios aficionado.

    Saturno es famoso por sus anillos, compuestos de millones de partículas de hielo y roca. Urano y Neptuno, más lejanos, presentan tonos azulados por metano atmosférico y requieren telescopios más potentes para apreciar detalles.

    Observación práctica de los gigantes

    Para captar bandas y lunas de Júpiter o los anillos de Saturno, conviene usar aumentos moderados y observar cuando el planeta esté alto en el cielo. Asimismo, elegir noches con buena estabilidad atmosférica mejora la nitidez.

    Satélites, anillos y otros cuerpos del sistema solar

    Los planetas del sistema solar no están solos: poseen lunas, sistemas de anillos y pequeños cuerpos como asteroides y cometas. Estas estructuras ofrecen pistas sobre la formación y evolución del sistema planetario.

    Por ejemplo, las lunas galileanas de Júpiter fueron claves para desarrollar nuestra comprensión del movimiento planetario. Por consiguiente, estudiar estos acompañantes enriquece la perspectiva sobre cada planeta.

    Exploración y recursos para aprender más sobre los planetas del sistema solar

    Hoy existen misiones robóticas, observatorios y recursos en línea accesibles para aficionados y estudiantes. Las imágenes de sondas, datos de espectros y modelos 3D permiten comparar composición y clima planetario con gran detalle.

    Por otro lado, participar en noches de observación comunitarias o cursos básicos de astronomía acelera el aprendizaje. A continuación, se presentan acciones concretas para comenzar tu propio recorrido.

    Pasos prácticos para empezar

    1) Descarga una app de mapas celestes y marca cada planeta según su posición actual. 2) Usa binoculares para localizar Júpiter y Saturno; cambia a un telescopio para ver más detalles. 3) Aprende a registrar observaciones: fecha, hora, instrumentos y condiciones atmosféricas.

    Además, sigue contenidos de instituciones científicas y museos virtuales para mantenerte actualizado sobre misiones y descubrimientos recientes.

    Para avanzar en tu curiosidad sobre los planetas del sistema solar, empieza con observaciones regulares, consulta fuentes fiables y practica el registro de datos. Estas pequeñas acciones convierten la fascinación en conocimiento aplicable, permitiéndote identificar patrones, comparar mundos y contribuir a una comprensión más profunda del vecindario cósmico.

  • Guía práctica para explorar los planetas del Sistema Solar: observación y curiosidades

    Si buscas información sobre {{prompt_or_keywords}} y quieres aprender cómo observar y comprender los planetas del Sistema Solar, estás en el lugar indicado. Empezamos con una idea clara: no necesitas un equipo profesional para disfrutar la astronomía. Con unos pocos recursos y la información adecuada puedes reconocer los planetas, entender sus características principales y planear tus propias observaciones.

    Cómo reconocer los planetas en el cielo nocturno

    Los planetas suelen brillar de manera estable, sin el parpadeo de las estrellas. Además, se mueven lentamente frente a las constelaciones a lo largo de semanas o meses, lo que facilita su identificación. Entre las herramientas útiles están aplicaciones de astronomía, mapas estelares impresos y un simple trípode para tu cámara o binocular.

    Para observaciones básicas, busca a Venus al atardecer o al amanecer por su brillo intenso. Júpiter y Saturno son visibles buena parte del año dependiendo de su posición en su órbita. Marte destaca por su tono rojizo cuando está en oposición.

    Equipo recomendado para aficionados y principiantes

    No es necesario un telescopio costoso para comenzar. Unos binoculares 10×50 permiten ver los cinturones de Júpiter y las fases de Venus en noches claras. Si dispones de un telescopio pequeño, podrás distinguir anillos y algunos satélites.

    Además del óptico, una cámara con capacidad de exposición prolongada ayuda a capturar detalles. Un trípode estable y una montura simple aumentan la calidad de tus imágenes y evitan el movimiento indeseado.

    Características principales de los planetas del Sistema Solar

    Cada planeta tiene rasgos distintivos: composición, atmósfera, satélites y superficie. Los planetas rocosos —Mercurio, Venus, Tierra y Marte— ofrecen superficies sólidas y, en algunos casos, atmósferas que influyen en su clima. Los gigantes gaseosos —Júpiter y Saturno— destacan por sus sistemas de anillos y numerosas lunas.

    Urano y Neptuno, los gigantes helados, poseen atmósferas ricas en metano, que les confiere un tono azulado. Comprender estas diferencias te ayuda a priorizar qué ver según tus intereses: movimiento, colores, anillos o lunas.

    Observación práctica: cuándo y dónde mirar

    La planificación es esencial. Consulta efemérides o aplicaciones para saber cuándo un planeta estará en mejor posición. Muchas observaciones se realizan alrededor de la oposición o durante conjunciones fáciles de localizar.

    Busca lugares con baja contaminación lumínica y espera condiciones atmosféricas estables. Recuerda que la Luna brillante puede opacar planetas menos luminosos, por lo que las fases lunares influyen en lo que puedas percibir.

    Consejos rápidos para una sesión exitosa

    Llega temprano para dejar que tus ojos se adapten a la oscuridad y evita mirar pantallas brillantes. Lleva una lista de objetivos y pasa de uno a otro para maximizar la noche. Si usas óptica, anota aumentos y condiciones para comparar sesiones futuras.

    Aprender más allá de la observación: recursos y experimentos sencillos

    Para profundizar, sigue cursos en línea, podcasts de astronomía y canales educativos. Los planetarios y asociaciones astronómicas ofrecen charlas y noches de observación comunitaria que enriquecen la experiencia práctica.

    Un experimento casero útil es registrar posiciones y brillo de un planeta durante varios meses para visualizar su movimiento relativo. También puedes fotografiar la evolución de fases y comparar con referencias científicas.

    Importancia de la astronomía amateur y participación ciudadana

    Los observadores aficionados han contribuido con descubrimientos importantes, desde cometas hasta variaciones en atmósferas planetarias. Participar en proyectos de ciencia ciudadana te conecta con investigaciones reales y te permite aportar datos valiosos.

    Además, la práctica de la astronomía desarrolla habilidades de observación, paciencia y registro metódico que son útiles en otras áreas científicas y educativas.

    Próximos pasos para mejorar tus observaciones

    Comienza registrando una sesión por semana y comparando tus notas. Invierte progresivamente en equipamiento según tus intereses: mejor ocular, montura ecuatorial o cámara dedicada. Y sobre todo, comparte tus hallazgos con una comunidad local o en redes sociales para recibir retroalimentación.

    Si te interesa profundizar en un planeta específico, elige uno como objetivo de temporada y enfócate en sus detalles: lunas, cambios de brillo o tránsito de satélites, por ejemplo. Con constancia, tu capacidad para identificar y documentar fenómenos mejorará notablemente.

    La observación de los planetas del Sistema Solar ofrece una mezcla de belleza visual y descubrimiento científico accesible para todos. Con herramientas básicas, planificación y curiosidad, puedes transformar noches comunes en aventuras astronómicas significativas y contribuir con observaciones útiles mientras disfrutas del cielo.

  • Mundos vecinos: explorando la diversidad de los planetas del Sistema Solar

    El Sistema Solar es un laboratorio natural que ofrece una extraordinaria diversidad de mundos: desde esferas rocosas abrasadas por el Sol hasta gigantes gaseosos coronados por tormentas colosales. Comprender estos planetas no solo satisface la curiosidad humana, sino que también nos ayuda a entender la formación de sistemas planetarios y las condiciones que podrían albergar vida.

    Una visión general del sistema planetario

    Los ocho planetas que orbitan nuestra estrella se agrupan en dos grandes familias: los planetas interiores o terrestres (Mercurio, Venus, Tierra y Marte) y los gigantes exteriores (Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno). Entre ambos grupos se encuentra el cinturón de asteroides, un remanente de la formación del sistema que actúa como frontera física y dinámica.

    Planetas interiores: roca, volcanes y atmósferas densas

    Mercurio es el más cercano al Sol y un ejemplo extremo de contraste térmico: temperaturas diurnas abrasadoras y noches gélidas, con una superficie llena de cráteres que recuerda a la Luna. Venus, similar en tamaño a la Tierra, posee una atmósfera densa dominada por dióxido de carbono, con efectos de invernadero que elevan su temperatura a niveles infernales y nubes de ácido sulfúrico que ocultan su superficie en una niebla eterna.

    La Tierra se distingue por su océano global, su atmósfera protectora y la vida. Marte, el planeta vecino que más ha cautivado la exploración, muestra valles secos, gigantescos volcanes y casquetes polares. Sus señales de antiguos ríos y lagos lo convierten en un candidato clave para estudiar la historia del agua en el sistema solar y la posibilidad de vida microbiana pasada.

    Superficies y atmósferas: resiliencia y transformación

    Las superficies de estos planetas interiores reflejan procesos activos: volcanismo, tectónica (principalmente en la Tierra) y erosión por viento. Las atmósferas, cuando existen, determinan el clima y la habitabilidad. El estudio comparado de estas atmósferas nos permite comprender por qué la Tierra logró mantener agua líquida y vida mientras que Venus y Marte tomaron caminos distintos.

    Gigantes exteriores: mundos colosales y lunas sorprendentes

    Más allá de la línea de asteroides, los gigantes gaseosos dominan el paisaje. Júpiter y Saturno son enormes reservorios de hidrógeno y helio, con estructuras internas complejas y sistemas de anillos prominentes. Júpiter, con su Gran Mancha Roja, y Saturno, con su red de anillos, son laboratorios de meteorología planetaria a gran escala.

    Urano y Neptuno, denominados gigantes helados, contienen mayores proporciones de agua, amoníaco y metano en estado denso, lo que les confiere tonos azulados. Sus campos magnéticos y rotaciones axiales particulares generan fenómenos poco comunes y nos desafían a ampliar los modelos tradicionales de formación planetaria.

    Lunas y la promesa de mundos habitables

    Mucho más que acompañantes, las lunas de los gigantes son protagonistas por sí mismas. Europa, Ganímedes, Encélado y Titán muestran condiciones potencialmente favorables para la química prebiológica: océanos subsuperficiales, géiseres de agua y atmósferas ricas en compuestos orgánicos. Estas lunas reubicaron el foco de la búsqueda de habitabilidad más allá de la clásica “zona habitable” alrededor del Sol.

    Misiones y tecnología: cómo conocemos lo que vemos

    Las sondas espaciales, observatorios terrestres y telescopios espaciales han transformado la visión del Sistema Solar. Misiones como las Voyager, Cassini-Huygens, Juno y las múltiples misiones a Marte han generado mapas detallados, análisis espectrales y descubrimientos sorprendentes, desde géiseres activos hasta composiciones atmosféricas inesperadas. Las misiones futuras buscan explorar sublunas, sample return y la presencia de agua en volúmenes accesibles.

    Escalas, tiempos y la dinámica del Sistema Solar

    Las distancias entre planetas son enormes y las escalas temporales pueden abarcar desde tormentas que duran siglos hasta procesos de formación planetaria que toman millones de años. Las interacciones gravitatorias, los impactos de cuerpos menores y la migración de planetas jóvenes han configurado la arquitectura actual del sistema. Estudiar estas dinámicas nos da pistas sobre cómo se formaron los exoplanetas que hoy detectamos alrededor de otras estrellas.

    Explorar los planetas del Sistema Solar es, en esencia, un viaje de comparación: nos permite situar la Tierra en un contexto más amplio y entender qué factores hicieron posible la vida aquí. Cada misión, cada imagen y cada análisis aportan piezas a un rompecabezas cuyo borde sigue expandiéndose con cada descubrimiento. Al conocer mejor a nuestros vecinos cósmicos también aprendemos a cuidar el único planeta conocido que alberga vida compleja, y a soñar con un futuro donde la exploración humana y robótica continúe desvelando los secretos de estos mundos.

  • Viaje visual y científico por los planetas del Sistema Solar

    El Sistema Solar es un vecindario cósmico fascinante que alberga ocho planetas, cada uno con características únicas que despiertan curiosidad y asombro. Desde los mundos rocosos cercanos al Sol hasta los gigantes gaseosos y los helados lejanos, explorar estos planetas nos ayuda a comprender no solo su naturaleza sino también el origen y la evolución de nuestro propio planeta.

    Panorama general de los planetas del Sistema Solar

    Los planetas se dividen tradicionalmente en dos grandes grupos: los planetas terrestres —Mercurio, Venus, Tierra y Marte— y los gigantes —Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno—. Esta clasificación responde a su composición, tamaño y distancia al Sol. Los terrestres son densos y rocosos; los gigantes son masivos y, en su mayoría, están formados por gases o hielos. Entre ambos grupos existen diferencias enormes en atmósferas, geología y posibilidades de habitabilidad.

    Planetas terrestres: mundos de roca y metal

    Los planetas rocosos se caracterizan por su corteza sólida, núcleos metálicos y, en algunos casos, atmósferas significativas. Mercurio es un cuerpo pequeño y extremadamente caliente en una órbita cercana al Sol; su superficie recuerda a la Luna, con numerosos cráteres. Venus, cubierto por densas nubes de ácido sulfúrico, presenta un efecto invernadero desbocado que eleva sus temperaturas a niveles extremos.

    Tierra y Marte: dos caras de la habitabilidad

    La Tierra es el único planeta conocido que alberga vida, gracias a su atmósfera protectora, agua líquida y campo magnético. Marte, más allá de su apariencia desértica, ha sido objeto de intensa investigación por sus antiguos cauces fluviales y depósitos minerales que sugieren que pudo tener agua en el pasado. Misiones robóticas recientes han revelado capas de hielo y señales químicas que mantienen viva la posibilidad de que haya pasado por condiciones favorables para formas de vida microbiana.

    Los gigantes: Júpiter y Saturno, reyes del Sistema Solar

    Júpiter es el mayor de los planetas, un coloso gaseoso con una atmósfera dominada por bandas de nubes y la icónica Gran Mancha Roja, una tormenta gigantesca en actividad durante siglos. Su intensa gravedad actúa como un escudo para el Sistema Solar interior, desviando cometas y asteroides. Saturno, famoso por sus espectaculares anillos, es otro gigante que combina belleza visual con complejidad física; sus anillos están compuestos de hielo y roca, con estructuras finas y dinámicas.

    Urano y Neptuno: los gigantes helados

    Más allá de Saturno se encuentran Urano y Neptuno, denominados gigantes helados por su mayor proporción de ices (agua, metano, amoníaco en estado sólido o líquido) mezclados con gases. Urano destaca por su eje de rotación extremadamente inclinado, lo que provoca estaciones extremas; Neptuno, más lejano, presenta vientos veloces y tormentas activas, y es famoso por su color azul profundo provocado por el metano.

    Comparaciones y escalas: entender distancias y tamaños

    Una de las dificultades para imaginar el Sistema Solar es la escala: las distancias entre los planetas son enormes comparadas con sus tamaños. Si redujéramos el Sol a una pelota de unos 20 centímetros, la Tierra sería una pequeña canica a varios metros de distancia, y Neptuno estaría a cientos de metros. Esta desproporción explica por qué el espacio entre planetas parece vacío y por qué la exploración requiere tiempo y energía considerables.

    Exploración y descubrimientos recientes

    Las sondas espaciales y los telescopios han transformado nuestro conocimiento en las últimas décadas. Misiones como las de las sondas Voyager, Cassini, Juno y los rovers marcianos han aportado imágenes detalladas, análisis atmosféricos y datos sobre la composición interna. Además, la observación desde telescopios espaciales y terrestres continúa revelando nuevos detalles sobre lunas, anillos y atmósferas, ampliando las preguntas sobre habitabilidad y formación planetaria.

    Entender los planetas del Sistema Solar es también entender nuestro lugar en el cosmos. Cada uno de estos mundos sirve como laboratorio natural: unos muestran procesos geológicos extremos, otros conservan atmósferas primitivas o exhiben sistemas de anillos y lunas que desafían la imaginación. A medida que la tecnología avanza y las misiones se multiplican, la promesa de descubrir más acerca de la evolución planetaria y, quizás, señales de vida en otros rincones del sistema, mantiene viva la fascinación por estos vecinos cósmicos.

  • Mercurio: secretos del planeta más cercano al Sol

    Mercurio, el planeta más próximo al Sol, es un mundo de contrastes extremos y misterios que desafían nuestras expectativas sobre los cuerpos rocosos del sistema solar. A simple vista parece un planeta humilde: pequeño, rocosa y sin atmósfera densa. Sin embargo, sus características internas, su comportamiento orbital y los descubrimientos recientes lo convierten en un laboratorio natural para estudiar la formación planetaria y la evolución térmica frente a la radiación solar intensa.

    Características físicas de Mercurio

    Con un diámetro de aproximadamente 4,880 kilómetros, Mercurio es el planeta más pequeño del sistema solar interior. Pese a su tamaño, su densidad es sorprendentemente alta: su gran núcleo metálico, mayor proporción de hierro en comparación con otros planetas rocosos, sugiere una historia de formación compleja que podría incluir impacto gigantesco o procesos de diferenciación temprana que expulsaron parte del manto.

    La superficie mercuriana está marcada por cráteres semejantes a los de la Luna, llanuras de lava y escarpes tectónicos que indican una contracción global a medida que el planeta se enfría. Las temperaturas varían de manera extrema: durante el día la superficie puede superar los 430 °C, mientras que por la noche desciende por debajo de -180 °C en algunas regiones, una consecuencia de la escasa atmósfera que no retiene el calor.

    Órbita y rotación: un baile peculiar

    Mercurio describe una órbita muy excéntrica alrededor del Sol y posee una resonancia spin-orbita única: rota tres veces sobre su eje por cada dos órbitas alrededor del Sol. Esta relación 3:2 genera patrones térmicos y lumínicos peculiares en su superficie y afecta la evolución de su exosfera tenue. Su cercanía al Sol también implica que experimenta fuertes fuerzas de marea, que influyen tanto en su rotación como en su estructura interna.

    Exosfera y recursos volátiles

    Al carecer de una atmósfera densa, Mercurio presenta una exosfera compuesta por partículas dispersas: sodio, potasio, helio y otros elementos detectados por instrumentos espaciales. Sorprendentemente, en los cráteres permanentemente sombreados de los polos se han identificado depósitos de hielo de agua, protegidos del calor solar. Estos depósitos podrían ser restos de cometas o material traído por impactos, y resultan de gran interés para futuras misiones y para comprender la disponibilidad de recursos en ambientes extremos.

    Exploración espacial: de Mariner 10 a BepiColombo

    La primera visita cercana fue la misión Mariner 10 en la década de 1970, que permitió cartografiar parte de la superficie y descubrir su extraordinaria magnetosfera. Décadas después, la nave MESSENGER (NASA) orbitó Mercurio entre 2011 y 2015, ofreciendo un mapa global detallado, composición química de la corteza y pruebas sobre la naturaleza de su núcleo y su campo magnético. En 2018 despegó la misión conjunta ESA-JAXA BepiColombo, que actualmente realiza maniobras para alcanzar y estudiar Mercurio con dos sondas complementarias: MPO y MMO. BepiColombo promete mapas más precisos, estudios de la gravedad y del campo magnético, y una mayor comprensión de la geología y composición superficial.

    Qué nos enseña Mercurio sobre la formación planetaria

    Estudiar Mercurio ayuda a los científicos a resolver preguntas fundamentales sobre cómo se forman los planetas rocosos: ¿qué procesos provocaron su proporción tan elevada de metales? ¿fueron choques gigantes o pérdida selectiva del manto por vaporación durante la etapa temprana del sistema solar? Los modelos que explican su estructura interna también informan sobre la evolución térmica y magnética, ofreciendo comparaciones valiosas con la Tierra, Venus y Marte.

    Implicaciones para la ciencia y la exploración futura

    Mercurio actúa como un caso de prueba para técnicas de observación remota y para el diseño de instrumentos que soporten entornos extremos. La detección de hielo en sombras permanentes y la existencia de compuestos volátiles en un entorno tan cercano al Sol desafían las nociones tradicionales sobre la distribución del agua y otros volátiles en el sistema solar interior. Además, el estudio de su campo magnético y actividad tectónica remanente aporta claves sobre la dinámica de núcleos planetarios en cuerpos pequeños.

    Aunque menudo es pasado por alto frente a planetas más hospitalarios o con atmósferas densas, Mercurio encierra historias sobre violencia cósmica, adaptación geofísica y equilibrios térmicos que enriquecen nuestra comprensión del vecindario solar. A medida que nuevas misiones aportan datos más precisos, es probable que cambien las interpretaciones actuales y surjan preguntas aún más profundas sobre cómo se forjaron los planetas rocosos. El pequeño planeta junto al Sol sigue siendo una frontera fascinante para la curiosidad humana y la investigación científica.

  • What is AI? (Grades 5-8)

    4 Min Read

    What is AI? (Grades 5-8)

    Artist illustration of an unmanned passenger aircraft in flight during sunrise in the city.

    This article is for students grades 5-8.

    What is AI?

    Artificial intelligence, or AI, is a type of technology that helps machines and computers have “thinking” abilities similar to humans. Devices using AI can learn words and concepts, recognize objects, see patterns, or make predictions. They can also be taught how to work autonomously. AI is often used to help people understand and solve problems more quickly than they could on their own.

    AI includes:

    • Machine learning: This type of AI looks at large amounts of data and learns how to make fast and accurate predictions based on that data. 
    • Deep learning: This type helps computers operate much like the human brain. It uses several layers of “thought” to recognize patterns and learn new information. Deep learning is a type of machine learning. 
    • Generative AI: A human can use generative AI to create text, videos, images, and more. It is based on deep learning.
    Perseverance is using autonomous navigation to quickly drive to features of scientific interest.
    Credit: NASA/JPL-Caltech

    How is NASA using AI?

    NASA has found uses for AI in many of its missions and programs.

    For missions to the Moon, AI can use satellite imagery to create detailed 3D maps of dark craters. This data could help scientists plan missions, spot hazards, and even identify where future crews might find water ice. On Mars, the Perseverance rover uses AI to drive itself autonomously. It takes pictures of the ground, sees obstacles, and chooses the safest path.

    AI also helps NASA search for planets outside our solar system. For example, AI has helped citizen scientists find over 10,000 pairs of binary stars. These pairs orbit each other and block each other’s light. This information could help scientists search for new planets and learn more about how stars form.

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    Words to Know

    Autonomous: acting or operating independently, without external control. An autonomous technology can perform duties without human intervention.

    Citizen scientist: a member of the public, often a volunteer, who collects data that can be used by scientists. When members of the public participate in research in this way, it’s called citizen science.

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    NASA also uses AI to support its work on Earth.  The agency uses AI to aid disaster relief efforts during and after natural disasters like hurricanes or wildfires. For example, AI can count tarps on roofs in satellite images to measure damage after a storm. NASA is also supporting flight controllers and pilots by using AI to plan better flight routes, making air travel safer and more efficient. 

    AI is helping NASA explore space, protect people, and make amazing discoveries!

    The blue tentacle-like arms containing gecko-like adhesive pads, attached to an Astrobee robotic free-flyer, reach out and grapple a "capture cube" inside the International Space Station's Kibo laboratory module. The experimental grippers, outfitted on the toaster-sized Astrobee, demonstrated autonomous detection and capture techniques that may be used to remove space debris and service satellites in low Earth orbit.
    The blue tentacle-like arms containing gecko-like adhesive pads, attaBlue tentacle-like arms with gecko-like adhesive pads reach out and grapple a “capture cube” inside the International Space Station. The arms are attached to the cube-shaped Astrobee robotic free-flyer, right. The experimental grippers demonstrated techniques to autonomously perform tasks in low Earth orbit.
    NASA

    Advice From NASA AI Experts

    “AI is a great field for people who like solving problems, building things, or asking questions about how the world works. People use AI to help doctors understand diseases, to teach robots how to explore space,  and to help communities prepare for things like floods or wildfires. If you like using technology to help people and discover new things, AI could be a great career for you!” – Krista Kinnard, NASA’s Deputy Chief AI Officer

    Artist concept of Artemis astronaut working on Lunar surface.
    In this illustration, astronauts work on the lunar surface as part of NASA’s Artemis program.
    NASA

    Career Corner

    NASA roles that may involve AI include:  
    Astronauts: Astronauts on the International Space Station can use an AI “digital assistant” to get medical recommendations. This is helpful when communication with Earth is interrupted. It could also be useful on future missions to distant destinations like Mars.
    Engineers: Engineers can use AI to help them generate designs for things like new spacecraft.
    Astronomers: AI helps astronomers analyze satellite and deep space telescope data to find stars and exoplanets.
    Meteorologists: Weather experts can use machine learning to make climate projections.
    Programmers: Programmers can use AI to update code used in older missions, bringing it up to modern standards.
    IT professionals: AI can enable IT experts to understand outages across NASA, allowing them to get programs back up and running faster.
    Program managers: Program managers can use AI to plan and model NASA missions.

    Explore More

    Build Your Computer Science Skills With NASA
    Gaining Traction on Mars Activity
    NASA Space Detective: Can You Spot a Star or a Galaxy
    Video: Hack Into Computer Science With NASA 
    Artificial Intelligence at NASA

  • Sagittarius B2 Molecular Cloud

    Cosmic clouds of pink and purple, some with bright centers, are surrounded by dark areas that appear like black space dotted with bright blue stars. A group of small clouds to the right is more red than any other area of the image.
    NASA, ESA, CSA, STScI, Adam Ginsburg (University of Florida), Nazar Budaiev (University of Florida), Taehwa Yoo (University of Florida); Image Processing: Alyssa Pagan (STScI)

    The Mid-Infrared Instrument (MIRI) on NASA’s James Webb Space Telescope captured glowing cosmic dust heated by very young massive stars in unprecedented detail in this image of the Sagittarius B2 (Sgr B2) molecular cloud released on Sept. 24, 2025.

    Sgr B2 is the most massive, and active star-forming region in our galaxy, located only a few hundred light years from our central supermassive black hole. While Sgr B2 has only 10% of the galactic center’s gas, it produces 50% of its stars. Astronomers want to figure out why it is so much more active than the rest of the galactic center.

    MIRI has both a camera and a spectrograph that sees light in the mid-infrared region of the electromagnetic spectrum. MIRI’s view reveals colorful stars punctuated occasionally by bright clouds of gas and dust. Further research into these stars will reveal details of their masses and ages, which will help astronomers better understand the process of star formation in this dense, active galactic center region.

    Image credit: Image: NASA, ESA, CSA, STScI, Adam Ginsburg (University of Florida), Nazar Budaiev (University of Florida), Taehwa Yoo (University of Florida); Image Processing: Alyssa Pagan (STScI)

  • Mark Elder: Building the Future of Spacewalking for Artemis and Beyond 

    For more than 25 years, Mark Elder has helped make human spaceflight safe and possible. As the International Space Station EVA hardware manager in the Extravehicular Activity (EVA) Office within the EVA and Human Surface Mobility Program, he leads the team responsible for the spacesuits, tools, and logistics that keep astronauts protected during spacewalks—and ensures NASA is ready for the next era of Artemis exploration. 

    Mark Elder with NASA’s Exploration Extravehicular Mobility Unit (xEMU) spacesuit at Johnson Space Center in Houston.
    NASA/Bill Stafford

    His team is programmatically responsible for the Extravehicular Mobility Unit, or EMU, spacesuit. That means every bolt, bearing, and battery astronauts rely on outside the International Space Station ultimately falls under their watch. He also oversees the EVA Space Operations Contract, which provides engineering and technical support to keep spacesuit systems flight ready. 

    Elder’s work directly supports every EVA, or spacewalk, conducted at the station. His team coordinates with astronauts, engineers, and the Mission Control Center in Houston to make sure the suits and tools operate reliably in the most unforgiving environment imaginable. Their work helps ensure every EVA is conducted safely and successfully. 

    Elder’s passion for NASA began at an early age. 

    “When I was little, my parents gave me a book called ‘The Astronauts,’” he said. “It had drawings of a reusable spacecraft—the space shuttle—and I fell in love with it. From then on, I told everyone I was going to work at NASA.” 

    That dream took off at age 16, when he attended Space Academy in Huntsville, Alabama. “That cemented my dream of someday working at NASA, and it taught me a little bit more about the different roles within the agency,” he said. 

    While attending Case Western Reserve University as a mechanical engineering student, he learned about a new NASA program that allowed college students to design and build an experiment and then come to Johnson Space Center for a week to fly with their experiment on the Boeing KC-135 Stratotanker. “I jumped on the chance to be part of the team,” he said. “The experience further cemented my dream of working at NASA one day—Johnson in particular.” 

    After graduation, Elder worked with Pratt & Whitney on jet engines. While the experience was invaluable, he knew his heart belonged in human spaceflight. “I learned that one of Pratt’s fellow companies under the United Technologies umbrella was Hamilton Sundstrand, which was the prime contractor for the spacesuit,” he said. “I jumped at the chance to transfer, and my career at NASA finally began.” 

    Elder spent his first three years at Johnson performing tool-to-tool fit checks on spacewalking equipment, giving him hands-on experience with nearly every tool that he would eventually become responsible for as a hardware manager. 

    Mark Elder stands in front of the Space Shuttle Atlantis before the STS-117 launch on June 8, 2007.

    His early years coincided with the shuttle return-to-flight era, when he worked on reinforced carbon-carbon panel repairs and thermal protection systems. Those experiences built his technical foundation and prepared him for the leadership roles to come. 

    Over time, Elder took on increasingly complex assignments, eventually leading the team that developed the EVA Long Life Battery—the first human-rated lithium battery used in space. His team created a rigorous test plan to certify the battery for human spaceflight at a time when lithium batteries were under scrutiny for safety concerns. 

    “Finally signing the certification paperwork was satisfying, but watching an EVA powered by the batteries provided a great sense of pride,” he said. 

    This innovation set the stage for future generations of even safer, higher-capacity batteries that power today’s spacewalking operations and will eventually support lunar surface activities. 

    Looking back, Elder said some of his greatest lessons came from learning how to lead with purpose. “The great thing about NASA is the highly motivated and dedicated workforce,” he said. “When I first became a team lead, I thought success meant making quick decisions and moving fast. I learned that leadership is really about listening. Strong teams are built on trust and open communication.” 

    Another defining lesson, he said, has been learning to assume positive intent. “In a place like NASA, everyone is deeply passionate about what they do,” he said. “It’s easy to misinterpret a disagreement as opposition, but when you remember that everyone is working toward the same goal, the conversation changes. You focus on solving problems, not winning arguments.” 

    That mindset has guided Elder through some of NASA’s most complex programs and helped him build lasting partnerships across the agency. 

    Mark Elder receives an award at the 2024 Rotary National Award for Space Achievement Stellar Awards ceremony at the Hyatt Regency in downtown Houston.
    NASA/Josh Valcarcel

    Today, Elder’s work extends beyond the orbiting laboratory. As NASA prepares for Artemis missions to the Moon, his team’s experience maintaining and improving the EMU informs the design of next-generation exploration suits. 

    “The foundation we’ve built on the space station is critical for the future,” he said. “Every tool we’ve refined, every system we’ve upgraded—it all feeds into how we’ll operate on the lunar surface and eventually on Mars.” 

    Elder believes that the key to future success lies in perseverance. He advises the next generation to never stop dreaming. “My path wasn’t direct, and it would have been easy for me to give up,” he said. “But dreams have a way of guiding you if you don’t let go of them.” 

    When he’s not supporting those missions, Elder’s creativity takes shape in his workshop. “In my spare time, I love woodworking,” he said. “Building something useful from a pile of rough-sawn boards helps calm me and gives me a great sense of accomplishment. I love being able to build furniture for my family,” he added, after recently finishing a desk for his youngest son. 

    The same patience and precision he brings to woodworking defines his approach to exploration—steady progress, careful craftmanship, and attention to detail. “As NASA goes to the Moon and Mars, there will be challenges,” Elder said. “As long as we keep dreaming, we will see the next generation walking on the Moon and heading to Mars.”