La Luna: el satélite que nos acompaña desde el principio

La Luna es el único satélite natural de la Tierra y el quinto mayor del Sistema Solar. Con un diámetro de unos 3.474 kilómetros, orbita nuestro planeta a una distancia media de 384.400 kilómetros, completando una vuelta cada 27,3 días.

Su origen se remonta a hace aproximadamente 4.500 millones de años, cuando un cuerpo del tamaño de Marte —al que los científicos llaman Theia— colisionó con la Tierra primitiva. Los fragmentos expulsados por ese impacto se fueron acumulando hasta formar la Luna que conocemos hoy.

Un mundo de contrastes

La superficie lunar está marcada por miles de cráteres de impacto, montañas y extensas llanuras basálticas conocidas como mares, a pesar de no contener agua. El cráter más grande visible desde la Tierra es el Mar de las Lluvias, con más de 1.100 kilómetros de diámetro.

Sin atmósfera que la proteja, la Luna experimenta temperaturas extremas: desde los 127 °C bajo el sol directo hasta los -173 °C en la oscuridad. Esta ausencia de atmósfera también significa que el cielo lunar es siempre negro, incluso de día.

Su influencia sobre la Tierra

La atracción gravitatoria de la Luna es la responsable de las mareas oceánicas y ha estabilizado el eje de rotación terrestre durante millones de años, haciendo posible un clima estable favorable para la vida. Sin ella, la Tierra experimentaría variaciones climáticas caóticas que habrían dificultado enormemente la aparición y el desarrollo de la vida compleja.

El 20 de julio de 1969, el Apollo 11 llevó a los primeros humanos a su superficie. Desde entonces, solo doce personas han caminado sobre la Luna, aunque varias agencias espaciales trabajan actualmente en misiones tripuladas para volver en esta década.

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